MICROECONOMÍA 16. ELECCIÓN CONSUMO-OCIO. LA OFERTA DE TRABAJO.

 
 

 

ELECCIÓN CONSUMO OCIO. EL CONSUMIDOR COMO OFERENTE DE TRABAJO.

Hasta ahora nos hemos centrado en las decisiones del consumidor para asignar la renta de que disponía entre los distintos bienes y servicios de consumo, ignorando la cuestión de cómo el consumidor obtiene dicha renta.

Ahora prestamos especial atención a cómo el consumidor obtiene su renta, además de cómo la gasta. La principal fuente de renta es la venta, en el mercado de trabajo, del tiempo del consumidor a cambio de un salario.

El consumidor obtiene utilidad tanto a través del consumo de bienes y servicios en el mercado (lo que requiere obtener renta en el mercado de trabajo, es decir, trabajar más) como a través del ocio (lo que supone menor tiempo de trabajo y por tanto menor renta para gastar en el consumo de bienes y servicios).

Se trata por tanto de ver cómo se distribuye  entre trabajo y ocio el tiempo disponible en un determinado período. El tiempo es un recurso escaso que el consumidor necesita para consumir bienes y servicios y para trabajar a cambio de un salario y obtener la renta con la que financiar dicho consumo (pagar el precio de mercado de su combinación de consumo con los ingresos obtenidos por la venta de su tiempo en el mercado de trabajo).

Para que una determinada combinación de consumo sea accesible, es necesario disponer tanto de renta como de tiempo suficientes.

Se determina así el tiempo total dedicado al trabajo y al consumo (ocio).

Nos centraremos en cómo el consumidor decide la cantidad de tiempo que dedica a trabajar. La oferta de trabajo.

La función objetivo está definida en términos del vector de bienes y servicios(X) y del ocio (L):

Max. U(x, L)

Esto supone que el ocio es un bien normal y el trabajo inferior.

El consumidor se enfrenta a dos restricciones:

Una presupuestaria: el volumen de gasto (valor de mercado de la combinación de consumo elegida) no puede superar los ingresos del consumidor (rentas no salariales más retribución de su tiempo de trabajo).

GASTO                INGRESO

XP= M + wz

donde M es la renta no salarial, w la retribución en el mercado laboral del tiempo de trabajo y z es el tiempo trabajado por el consumidor.

Otra temporal, en la medida en que en cada período debe asignar el tiempo total de que dispone (T) entre trabajo y ocio:

T = z + L

Este problema puede resolverse sustituyendo la restricción temporal en la monetaria

 z = T − L

Reordenando la ecuación anterior llegamos a la expresión de la que podemos llamar “restricción presupuestaria plena”.

 XP = M + w (T – L)

Así, el problema del consumidor puede expresarse como la maximización de la función de utilidad en términos de bienes, servicios y ocio sujeta a la restricción presupuestaria plena.

La solución a este problema es formalmente idéntica al problema “estándar” de maximización del consumidor; el ocio es un “bien” más, cuyo precio (imputado) es el salario. Es decir el salario es el precio del ocio.

En equilibrio debe cumplirse la doble condición :

La relación marginal de sustitución de trabajo por ocio.

La restricción presupuestaria plena.

Poner ejemplos en clase

Al resolver el problema se habrá determinado la combinación de consumo óptima , el tiempo de trabajo  y ocio  y la renta .

LA OFERTA DE TRABAJO

Supongamos que un trabajador puede recibir un salario de X€ /hora. Y que el individuo no posee en este mundo nada más que su “capacidad de trabajar”.  

Si nos preguntamos ¿cuántas horas trabajará el individuo? ya estamos en condiciones de establecer un modelo de elección entre OCIO y CONSUMO. Donde la pendiente de la restricción presupuestaria es el propio salario. Repitamos una vez más la idea principal que nos permite la construcción de este modelo: El individuo que no trabaja está comprando ocio con su capacidad de ganar un salario dedicándolo a la alternativa de no-trabajar.

¿Que sucede cuando dejamos que se altere un precio (por ejemplo, el precio del ocio, es decir, el salario) ?, pues que podremos hallar la curva de oferta de trabajo de un determinado individuo. Como siempre suponemos que las preferencias individuales son estables, lo que constituye una parte más de la clausula ceteris paribus que aplicamos en nuestros análisis.

En el modelo  partimos de una situación de equilibrio definida en donde el consumidor puede trabajar por un salario determinado (a). Después dejamos que varíe el salario que puede percibir este individuo hasta que alcance un salario por ejemplo doble. Observamos que reacciona situándose en el nuevo punto de equilibrio.

El paso de (a) a (b) supone que el trabajador pasa de una situación personal de querer trabajar por ejemplo 6 horas cuando el salario potencial es de 500 um/h a otra en la cual querrá trabajar 9 h, pues su salario potencial ha aumentado hasta las 1000 um/h.

Esto significa que trabajar las horas 7,8 y 9 sólo vale la pena si el salario es de 1000 um/h de manera que podamos acceder a mejores cestas de consumo (por ejemplo. Si el salario es únicamente de 500 um/h. es mejor quedarse en casa sin hacer nada, puesto que si decidimos trabajar esas tres horas más tampoco podremos acceder a los bienes que deseamos.

Este es el motivo por el cual la teoría económica predice que ante aumentos de salario, se producirán aumentos de oferta de trabajo. Ahora bien, a partir de determinados tramos de renta o de salario potencial o de dotación inicial la cosa cambia. Así, es normal ver en televisión o prensa que el individuo que ha sido agraciado por la diosa fortuna con un buen pellizco de la primitiva, las quinielas o cualquier otro invento parecido, lo primero que hace es dejar el trabajo y desaparecer del mapa.

¿Cómo queda esto reflejado esto en nuestro análisis. Pues como siempre gracias a la estática comparativa.

Analicemos lo que le ocurriría a una persona  normal, con preferencias convexas que sufre un repentino incremento de su dotación (de su riqueza) a consecuencia de una recalificación de terrenos. Lo que ocurre en el caso expuesto es lo que sucede en la mayoría de los casos cuando la riqueza aumenta de una forma importante. Vemos que ante un aumento de la riqueza, que queda plasmado en un desplazamiento en vertical de la restricción presupuestaria y del punto de dotación, el individuo aumenta su consumo de bienes y también de ocio (desea trabajar menos horas al día). Esto es así porque el ocio es un bien normal, es decir, su demanda aumenta con la renta.

La afirmación anterior puede parecer que esta en contradicción lo dicho más arriba acerca de que cuando más aumentan los salarios potenciales (los rendimientos del trabajo) mayor es la cantidad de trabajo ofertado por un individuo. Y sin embargo, no hay ninguna contradicción, lo que quedará patente al analizar el efecto sustitución y renta de un cambio de salario.Desde luego cuanto más aumentan los rendimientos del trabajo, más se encarece el coste del ocio. Y además, cuanto más sube el salario con más renta potencial puede contar el individuo de forma que demandará más bien normales tales como el ocio.

Dicho en otras palabras, cuando se incrementa el salario, más se encarece el ocio, lo que induce a través del efecto-sustitución a querer menos ocio (y más consumo de bienes que se han abaratado relativamente) lo que conduce a un aumento de la oferta de trabajo. A la vez que un mayor salario potencial supone una mayor riqueza y una mayor riqueza producirá un incremento de la demanda de bienes normales tales como el ocio. Esto significa que el efecto-renta de una subida de los rendimientos del trabajo producirá un incremento de la demanda de ocio. O lo que es lo mismo el incremento de renta conduce a una disminución de la oferta de trabajo individual por este efecto.

Desde luego, desde el punto de vista intuitivo, no parece razonable que la subida del salario provoque siempre un aumento de la oferta de trabajo, ya que si el salario sube mucho el individuo puede querer gastar la renta adicional en la compra de ocio.

Es decir, y para que quede definitivamente claro, ante un incremento del salario se produce un doble efecto:

(a) Un efecto-sustitución que irá en el sentido de disminuir el consumo del bien relativamente encarecido (el ocio) para ser sustituido por el bien relativamente abaratado (el consumo).

(b) Un efecto-renta que actuará en sentido contrario al habitual (puesto que se aplica a algo que el consumidor vende y no a algo que compra como hacíamos hasta ahora). El aumento del salario supone un aumento de la renta del consumidor, lo que le llevará a consumir más cantidad de ocio.

Veamos en clase el fenómeno de una subida de salario que conduce a una reducción de la oferta de trabajo en términos gráficos para después descomponerla en los dos efectos: renta y sustitución.

Según la expresión de Slutsky el efecto-renta no existe cuando el individuo inicialmente no trabaja. Con lo que el efecto-total es igual al efecto-sustitución. Y a medida que aumenta su oferta de trabajo, cada subida salarial proporciona al individuo más renta, por lo que, podemos decir que traspasando un determinado punto puede ocurrir que decida utilizar su renta adicional en comprar más ocio reduciendo su oferta de trabajo. Lo cual podemos plasmar gráficamente.  El tramo de más a la derecha da la vuelta y pasa a tener pendiente negativa. De hecho en muchos de los llamados paises occidentales o paises ricos, la semana laboral ha tendido a disminuir con el paso del tiempo, mientras que los salarios reales aumentaban.

La correlación negativa entre salario medio y número de horas trabajadas no demuestra que las subidas salariales sean la única causa de la reducción de la jornada laboral; pero dada nuestra teoría del la oferta de trabajo parece plausible suponer que ha desempeñado un papel importante.

En tramos de la curva de oferta laboral con pendiente positiva, una reducción del salario conducirá a una reducción de la oferta de trabajo. Es decir, una reducción del salario generalizada conducirá a una reducción del paro. Mientras que cuando la pendiente de la oferta de trabajo es negativa, una reducción de los salarios conducirá a un incremento del deseo de trabajar.

El hecho de que el efecto-renta sea positivo y, en algunos casos superior al efecto-sustitución nos puede conducir a la idea de que el ocio es un bien Giffen (pues se demanda más a medida que aumenta su precio); Pero es una falsa idea, pues lo que ocurre es que en este caso (como ya hemos advertido) el efecto renta se produce sobre algo que el individuo vende y no sobre algo que compra, por tanto dicho efecto tiene que ser necesariamente positivo.

Las horas extraordinarias.

Si una empresa ofrece un salario más elevado por las horas “extra” trabajadas, es decir, ofrece un pus por trabajar unas horas más de las correspondientes al equilibrio esto significa que la pendiente de la recta presupuestaria se volverá más inclinada cuando la cantidad ofrecida de trabajo, supere a esa serie de horas trabajadas:

Observese que con una “prima” por horas extra trabajadas aumenta la oferta de trabajo, mientras que es posible por una subida de salario por todas las horas trabajadas el efecto sea el contrario (y en cualquier caso es ambiguo). Esto se debe a que la prima por horas extra supone un efecto-sustitución puro.

No todos los trabajadores aceptan realizar horas extraordinarias cuando se lo proponen las empresas. La razón es que el mercado de trabajo está “institucionalizado” debido a que es necesario armonizar los horarios de trabajo. Así, los empleados de banca deben tener horas de trabajo comunes con los de comercio o con los administradores de grandes empresas o los empleados de los servicios públicos puesto que tienen que relacionarse los unos con los otros. Es decir, es necesario un tiempo en común de trabajo.

Este hecho junto a otras cuestiones históricas han conducido a que la jornada laborar media sea de 8 horas. Y que la alternativa a trabajar 8 horas es no trabajar ninguna, de tal manera que el consumidor, a pesar de que desea trabajar únicamente cuatro horas tiene que trabajar ocho, puesto que es la única opción valida. Si le ofrecen mas dinero por trabajar ocho horas, continuará deseando trabajar cuatro, con lo que de hecho significa que prefiere continuar trabajando ocho horas que más de ocho horas.Cuando podemos la prima por horas extras no incentiva al individuo a trabajar más horas.

Cuando se ve el modelo de oferta de trabajo por primera vez, es fácil pensar que se trata de una descripción muy poco realista de describir la realidad. Pues la mayoría de los puestos de trabajo no permiten elegir el número de horas que se quiera trabajar al día.

Pero el modelo (como cualquier otro) no debe verse con estricta literalidad ya que en el tiempo aumentan las posibilidades de elegir la cantidad de tiempo que se desea dedicar al trabajo. De hecho, una persona puede elegir entre trabajar en una administración pública, donde no se trabaja por las tardes o trabajar en un despacho de auditores, donde son normales jornadas de 10 horas. También puede dedicarse a la enseñanza para tener todo el verano libre  o puede montar un despacho profesional donde la flexibilidad es casi total.

No obstante todo lo dicho pensamos que la introducción del supuesto de institucionalización de la jornada laboral acerca en gran manera el modelo a la realidad lo suficiente como para considerar que debe estar incorporado a la doctrina económica.

La institucionalización de la jornada laboral no es porque sí. La necesidad de que los trabajadores se interrelacionen explica la existencia de una semana laboral con horarios comunes. Pero no explica porque es de 40 horas y no de 45.Seguramente lo que ocurre es que, en promedio, eso es lo que quieren los trabajadores. Así, si la mayoría de personas concediera más valor a una hora adicional de ocio que al salario de una hora adicional, los empresarios maximizadores de beneficio tendrían un incentivo importante para reducir la semana laboral.

  • Estracto de Internet de José Aguiló Fuster

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